Marcha y duelo por Fuentealba
Hoy fui a la marcha dolorosa por la muerte del docente neuquino en manos de la policía y del gobernador de Neuquén.
Imponente, como cuando mucha gente indignada, la mayoría fuera de las incluso abundantes banderas, siente que tiene que ir, que tiene que estar, aunque sea un ratito… y va
Heterogénea, un mundo de rostros disímiles, desde los más sencillos del fondo excluido del conurbano hasta los delantalcitos planchados y amigables de las maestras jardineras, desde los pueblos originarios con sus banderas a cuadros de arco iris hasta los sacos y corbatas
Masiva, porque no sólo expresaba los cuerpos molestos sino también el ausentismo abrumador en los colegios, casi todas las universidades cerradas, la suspensión que se instaló en las calles a mediodía
Insuficiente, porque necesita de muchas acciones microscópicas para asentarla en los colegios y hasta en las salitas de jardín, para sembrar la indignación y el compromiso en los corazones de los jóvenes (más proclives) pero también de los pétreos ciegos y sordos, que sólo se mueven al compás de sus intereses y deseos e ignoran a todos… como la niñita de colegio privado que, a media mañana, iba molesta en el colectivo y le decía a alguna amiga que el tránsito “era un desastre, una barbaridad”.
Carlos Fuentealba, mártir, presencia que quema.

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