
Ya escribí otras veces sobre la ciudad gris, obviaré ahora comentarios generales. Sólo sé que vale la pena encontrarse con algo propio (con la historia, con mi madre, con la tumba de mi padre, con los logros, con las cosas que nunca fueron, con los rincones cargados de recuerdos de caminatas y aventuras, con algunas amigas y amigos valiosos, que no se deslucen con el tiempo). La ciudad sigue igual, uno sospecha que hace un culto de la inmovilidad. Y sin embargo, se le escapan los latidos de algunos... qué maravilla que el sistema no pueda aplastar todo.